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Hoy más que nunca la iglesia chilena está preparada
para dar un gran salto en lo que a misiones se refiere. Gracias
al Señor nuestro país ha sido bendecido con un gran
desarrollo económico, esto debido a un desarrollo educacional
que se ha logrado desde los años setenta beneficiando a
innumerables jóvenes que hoy en día gozan de una
profesión y de una tranquilidad financiera. Gracias a Dios
dentro de estos profesionales muchos son cristianos, comprometidos
con el Señor Jesús y su iglesia, lo que a provocado
un desarrollo de recursos económicos en muchas congregaciones
logrando que estás también puedan tener lo necesario
para recibir a más personas que necesitan del cuidado de
Dios, como iglesia del Señor hemos sido la mano extendida
de nuestro Padre para ellos y con regocijo debemos reconocer que
hemos sido de bendición para muchos chilenos, esto nos
debe llevar a pensar que así como el Señor nos ha
bendecido para ayudar a muchos chilenos quiere seguir bendiciéndonos
para ayudar a otros que están fuera de nuestras fronteras,
debemos comenzar a ver el Mundo.
Algunos pueden decir “la caridad comienza en casa”
y es absolutamente la verdad, ya que el mismo Señor Jesús
vino primero a la casa de Israel, pero ese era parte del plan
y el lo dice en Hechos 1:8 “Pero cuando venga el Espíritu
Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis
testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria,
y hasta los confines de la tierra.” El plan del Señor
es mucho más grande que nuestro país Chile, abarca
a todo el mundo, podemos preguntarnos y decir ¿a caso ya
no hay suficientes misioneros ya en el mundo, por qué hemos
de enviar a uno más? Hay muchos misioneros en el mundo
porque han obedecido al llamado del Señor para su Iglesia
de ir y hacer discípulos, este no es un llamado para los
norteamericanos o europeos solamente, es para toda la Iglesia
de Cristo, ellos han sido sensibles y con una fe admirable han
obedecido, es tiempo de que así como recibimos por gracia
el Evangelio, comencemos darlo por gracia a otros países.
Las misiones efectuadas por chilenos en el pasado han significado
verdadera aventuras de fe, algunos podrían catalogarlas
como verdaderas “locuras” de gente enferma e irresponsable,
ir sin tener la seguridad de un respaldo económico y si
así ha sido en el pasado solamente debemos admirar a aquellos
que lo han hecho por amor a Jesús y las almas, pero hoy
nosotros podemos hacer que las cosas sean muy diferentes, hoy
nosotros podemos involucrarnos mucho más en el llamado
del Señor de ser testigos hasta otros confines de la tierra,
podemos apoyar económicamente a aquellos que sí
tienen el llamado de ir en persona a otro país, o podemos
comenzar a prepararnos para ir nosotros mismos a otro país,
la clave son las finanzas. Alguien puede comentar “esto
suena poco espiritual” pero a lo que me refiero, es que
el Señor ya ha efectuado el llamado, nos ha dado su Espíritu
y su Palabra, los obreros son pocos y la mies es mucha, si pudiéramos
sintonizarnos con el Señor y entregar lo que Él
nos regala, el dinero para apoyar y sostener misioneros, los obreros
serían más. Podemos ayudar a aquellos que hoy y
en este mismo momento están orando encerrados en su pieza
pidiéndoles una oportunidad al Señor para poder
ir y predicar el Evangelio de Jesús al mundo, podemos ser
uno con ellos e invertir en sus proyectos, ¿qué
recibiremos a cambio? ¿Intereses?
¿Acciones? ¿Bonos? Algo más valioso que todo
eso junto…… ¡almas! Sí, almas inmortales
de personas que necesitan esperanza, perdón, a Jesús
en sus vidas y en sus familias. Misiones es invertir en personas,
obreros y nuevos hijos de Dios, ¿puede entonces el dinero
ponerse en una balanza? ¿En un lado las personas y en el
otro lado nuestro dinero? El Señor Jesús dijo: “Así
que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren
que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los
profetas.”
Mateo 7:12 Traten a los demás tal y como quieren que ellos
los traten a ustedes.
En mi vida como cristiano he conocido a tantos que han llorado
por el llamado que hay en sus corazones, por comunicar la buena
noticia de Jesús como Señor y salvado, un llamado
que se ha trasformado en pasión consumidora, pero que han
visto tan lejana de cumplir por no tener los recursos y apoyo
para ir. ¿Podremos lograr que la historia cambie? La decisión
ahora es nuestra.
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